Sēreine

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Depresión y estado de ánimo · 15 de enero de 2026

Las trampas del pensamiento que más aparecen cuando estás mal

Cuando alguien está mal, no es solo que piense cosas tristes: es que piensa de una forma concreta, con unos atajos que se repiten. Y esos atajos tienen nombre y son bastante pocos.

Reconocerlos no arregla la vida. Lo que hace es más modesto y más útil: quitarle a un pensamiento la apariencia de verdad objetiva.

Las que más aparecen

  • Sacar una regla de un caso. Sale mal una cosa y la conclusión es «siempre me pasa igual». Se reconoce por dos palabras: siempre y nunca
  • El filtro. De un día con veinte cosas, te quedas con la única que salió mal y esa es la que cuenta. No es que te inventes lo malo: es que solo eso entra
  • Descontar lo bueno. Sale bien y no cuenta: fue suerte, era fácil, cualquiera lo habría hecho. Esta es especialmente injusta, porque garantiza que ninguna prueba en contra sirva
  • Adivinar el pensamiento. «Le he caído fatal.» «Piensa que soy un inútil.» Con una seguridad enorme y sin ningún dato
  • Adivinar el futuro. «Esto va a salir mal.» «No voy a poder.» Y como se da por hecho, muchas veces ni se intenta — que es lo que luego lo confirma
  • El «debería». Una lista invisible de obligaciones con la que uno se mide todo el día, y que solo se aplica a uno mismo
  • Personalizarlo. Si alguien está seco, es por ti. Si algo falla, es culpa tuya
  • Todo o nada. O perfecto o desastre. Sin término medio, y como lo perfecto no existe, siempre sale desastre

Lo importante: no son mentiras

Esto se malentiende mucho, y hay que decirlo claro: identificar una distorsión no significa que lo que piensas sea falso. A veces la reunión sí ha ido mal y a veces esa persona sí estaba molesta.

Lo que dice es otra cosa: que ese pensamiento llegó sin pasar por ninguna comprobación. Es una hipótesis presentada como un hecho. Y las hipótesis se pueden mirar.

Cómo se ponen a prueba

No discutiendo. Discutir con un pensamiento es un partido que se pierde siempre, porque juega en tu campo y conoce todos tus puntos débiles.

Lo que se hace es más aburrido y funciona mejor:

  • ¿Qué pruebas tengo a favor? ¿Y en contra? Las dos columnas, por escrito. En la cabeza solo se llena una
  • ¿Qué le diría a una amiga que me contara exactamente esto?
  • ¿Hay otra explicación posible? No la mejor: solo alguna otra. Con que aparezca una segunda, la primera deja de ser la única
  • ¿Y si fuera verdad, qué? A veces el catastrofismo se deshincha al preguntarle qué pasaría exactamente

Cuándo tocar esto, y cuándo no

Hay un detalle de orden que importa: con alguien que lleva semanas sin salir de casa, empezar por los pensamientos casi nunca funciona. Hace falta energía para discutir consigo mismo, y no la hay.

Primero se mueve la conducta, aunque sea mínimamente. Cuando hay algo de movimiento, entonces esto rinde — y rinde mucho.

Y el efecto que más nota la gente no es dejar de tener esos pensamientos, que siguen apareciendo. Es dejar de creérselos automáticamente, que resulta ser suficiente.

Si ahora mismo estás en una urgencia, lo que necesitas es una respuesta inmediata, y esa está en el 024 —atención a la conducta suicida, gratuito y 24 horas— o en el 112. Están para esto, y no hace falta estar seguro de nada para llamar.

Si te reconoces en varias, se pueden trabajar una a una. La primera llamada son veinte minutos por teléfono, sin coste, y sirve para ver si lo que necesitas es esto o es otra cosa. Si es otra cosa, te lo digo. Y si prefieres escribir antes de llamar, contestamos en 24 h.

Pedir esa llamada

Dulce López · Psicóloga General Sanitaria · Colegiada nº AN14365

Este artículo es información general y no sustituye una valoración profesional. Cada persona y cada historia son distintas, y eso es justamente lo que se mira en una primera sesión.

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