Depresión y estado de ánimo · 23 de abril de 2026
¿Qué le digo a alguien que está mal? Lo que no ayuda, aunque lo parezca
Este no es para quien está mal. Es para quien está al lado y no sabe qué hacer: se le acaban las frases, tiene miedo de decir lo que no toca, y últimamente también tiene una cosa que casi nadie confiesa — se está cansando.
Lo que no ayuda, aunque se diga con todo el cariño
- «Anímate», «tienes que poner de tu parte». Si pudiera, ya lo habría hecho. Lo único que añade es la sensación de estar fallándote también a ti
- «Hay gente que está mucho peor.» No relativiza el dolor: le añade culpa
- «Sal, haz deporte, distráete.» El consejo no es malo — de hecho moverse es de lo que más funciona—. Lo que falla es el formato: dicho así es una tarea más en una lista que ya no puede con nada
- Buscar el motivo. «Pero si lo tienes todo» convierte lo que le pasa en algo que además no tiene sentido
- Dar mil soluciones. A ti te alivia ayudar. A quien está mal le confirma que su problema es sencillo y que la que no puede con él es ella
Lo que sí
- Estar sin arreglar nada. Acompañar en silencio vale más de lo que parece, y es lo que menos hacemos porque se siente insuficiente
- Preguntar sin exigir respuesta. «¿Cómo llevas la semana?» abre más que «¿estás mejor?», que obliga a decir que sí
- Proponer pequeño y concreto. No «tenemos que salir un día»: «bajo a por el pan a las seis, ¿te vienes?». Con día, hora y una hora de duración
- Insistir sin presionar. Que diga que no hoy no significa que no quiera; significa que hoy no puede. Lo importante es volver a proponer la semana siguiente
- Seguir contándole tu vida. Mucha gente deja de hacerlo por no molestar, y la persona se queda además sin el mundo de fuera
La cosa que más se malinterpreta
Cuando alguien con depresión deja de contestar los mensajes, cancela en el último momento o desaparece unas semanas, la lectura que sale sola es «no le importo».
Casi nunca es eso. Es que hoy no ha podido, y encima a eso se le suma la vergüenza de no haber podido, que hace todavía más difícil el siguiente mensaje.
El antídoto es decírselo antes de que pase: «va a haber semanas en que no puedas. Cuando pase, dime que hoy no. No hace falta que estés bien para contestarme.»
Cómo proponerle que pida ayuda
Sin ultimátums y sin convertirlo en el tema de todas las conversaciones. Funciona mejor decirlo una vez, claro y en corto: «creo que esto te está costando más de lo que deberías llevar solo, y creo que te vendría bien que lo viera alguien. Si quieres, lo miramos juntos.»
Y después, ofrecer lo concreto: buscar el teléfono, estar delante mientras llama, acompañar el primer día. El escalón que más pesa no es decidirse: es el trámite.
Y tú
Esto es lo que menos se dice. Acompañar durante meses desgasta, y estar cansado no te convierte en mala persona.
Dos cosas: no eres su terapeuta —no te toca sostener esto solo, y de hecho hacerlo estropea la relación que sí te toca—, y tú también puedes contarlo en algún sitio. Muchas primeras consultas las pide alguien que está al lado de otro, y es un motivo perfectamente válido para pedir cita.
Si ahora mismo estás en una urgencia, lo que necesitas es una respuesta inmediata, y esa está en el 024 —atención a la conducta suicida, gratuito y 24 horas— o en el 112. Están para esto, y no hace falta estar seguro de nada para llamar.
Si estás acompañando a alguien y no sabes cómo, también se puede consultar. La primera llamada son veinte minutos por teléfono, sin coste, y sirve para ver si lo que necesitas es esto o es otra cosa. Si es otra cosa, te lo digo. Y si prefieres escribir antes de llamar, contestamos en 24 h.
Pedir esa llamadaDulce López · Psicóloga General Sanitaria · Colegiada nº AN14365
Este artículo es información general y no sustituye una valoración profesional. Cada persona y cada historia son distintas, y eso es justamente lo que se mira en una primera sesión.