Cómo es la terapia · 8 de enero de 2026
¿Por qué me pregunta por mi infancia si vengo por otra cosa?
Vienes porque no duermes, porque tu pareja y tú no os aguantáis o porque llevas meses hundida. Y en algún momento aparece la pregunta por tu familia, por cómo era tu casa, por cómo se llevaban tus padres. Y la reacción es razonable: «¿esto para qué? Mi infancia fue normal».
Merece la pena explicarlo, porque el malentendido es grande.
No es para buscar culpables
Lo primero, porque es lo que más frena: no se trata de acabar concluyendo que la culpa es de tu madre. Esa caricatura existe, y no es esto.
Tampoco hace falta que haya pasado nada terrible. De hecho lo más frecuente no es un suceso grave: es un clima. Una casa donde no se hablaba de lo que se sentía, unos padres muy críticos, tener que hacerse mayor antes de tiempo, comparaciones, o mucho cariño con poca previsibilidad.
Para qué sirve de verdad
Para una cosa muy concreta: saber qué aprendiste, porque lo que aprendiste sigue funcionando hoy.
De pequeños se aprenden tres cosas con quien nos cuida: a calmarnos cuando el cuerpo se dispara, a sentirnos vistos, y a salir al mundo sabiendo que hay dónde volver. No se aprenden con explicaciones; se aprenden en brazos, y se quedan guardadas como andar en bici.
Por eso no se pueden razonar de adulta. Y por eso saber cuáles te enseñaron y cuáles no cambia por dónde hay que empezar contigo:
- Si lo que falta es saber volver a la calma, no tiene sentido empezar por hablar de lo que sientes — primero hay que poder sostenerlo
- Si lo que falta es identificar lo que se siente, empezar por ahí es exactamente el trabajo
- Y si el patrón es de acercarse y retirarse, eso decide incluso a qué distancia te trato yo en las primeras sesiones
La señal que la hace útil: los disparadores
Hay un momento en que esta parte deja de ser teórica, y es cuando aparece una reacción desproporcionada: que alguien tarde en contestar, un tono de voz, una puerta cerrada de golpe, y algo se dispara muy por encima de lo que la situación da.
Cuando lo que pasa no explica lo que se desata, es que debajo hay algo sin procesar. Ahí mirar atrás no es arqueología: es lo que explica el presente.
Cuándo no toca
Y esto es igual de importante. No siempre hay que ir ahí, y meterse antes de tiempo no acelera: empeora.
No toca si estás en medio de algo ahora mismo —un duelo reciente, una ruptura en curso, acoso en el trabajo—. Y no toca si todavía no hay con qué sostenerlo: si cuando algo se te dispara no sabes volver, primero se aprende eso.
Muchas veces, además, no hace falta en absoluto: hay problemas que se resuelven enteros en el presente.
Cómo se hace, en la práctica
Casi siempre por escrito y en casa, no a bocajarro en sesión. Una línea con tu vida, los momentos difíciles abajo con la edad que tenías, los buenos arriba. El papel protege: escribir en casa deja contar cosas que en voz alta y mirando a alguien a los ojos no saldrían.
Y si en algún momento no quieres entrar en algo, se dice y no se entra. Eso también forma parte del trato.
Si te preocupa a dónde va a ir la conversación, se puede preguntar antes. La primera llamada son veinte minutos por teléfono, sin coste, y sirve para ver si lo que necesitas es esto o es otra cosa. Si es otra cosa, te lo digo. Y si prefieres escribir antes de llamar, contestamos en 24 h.
Pedir esa llamadaDulce López · Psicóloga General Sanitaria · Colegiada nº AN14365
Este artículo es información general y no sustituye una valoración profesional. Cada persona y cada historia son distintas, y eso es justamente lo que se mira en una primera sesión.