Depresión y estado de ánimo · 28 de mayo de 2026
¿Por qué me hablo tan mal a mí misma? La voz que no se calla y de dónde sale
Se te cae algo y sale sola: inútil. Te equivocas en un correo y te pasas la tarde con ello. Te miras y hay una lista.
Y si te preguntan, lo defiendes: «es que si no me exijo, no hago nada». Esa frase es la que mantiene todo el sistema en pie, y es falsa.
De dónde sale esa voz
Esa voz no nació contigo y no es tuya de origen: la aprendiste. Casi siempre es la voz con la que te hablaron —o el tono que había en casa, aunque no fuera dirigido a ti— y que un día se quedó dentro funcionando sola.
Muchas veces empezó siendo útil. Adelantarse a la crítica del otro protege: si ya me he dicho yo lo peor, lo que digan los demás duele menos. El problema es que esa protección se quedó puesta cuando ya no hacía falta, y ahora funciona a jornada completa.
La excusa de la exigencia, que no se sostiene
La idea es que el látigo es lo que te mantiene en marcha, y que aflojar sería abandonarse. En la práctica pasa lo contrario: lo que produce el crítico no es rendimiento, es parálisis.
Porque cuando fallar sale tan caro por dentro, la cabeza hace lo lógico: evitar. Dejarlo para mañana, no intentarlo, no exponerse. Lo que parecía motivación resulta ser el motivo de que lleves tres meses sin abrir eso.
Y hay una prueba que se hace en consulta y que suele ser incómoda: piensa en alguien que dé lo mejor de sí. ¿Lo hace por miedo a sí mismo, o porque quiere?
La pregunta que lo desmonta
Es de las cosas más simples que se hacen en terapia y de las que más mueven:
«¿Le dirías eso a una amiga que estuviera como tú?»
La respuesta es siempre la misma: por supuesto que no. Ni se te ocurriría. Y entonces aparece la pregunta de verdad, que es por qué a ti sí — y por qué te parece normal.
Lo que no funciona
Discutir con esa voz. Llevas años haciéndolo y sabes cómo acaba: tiene argumentos, te conoce entera, y siempre encuentra uno más. No se gana por agotamiento.
Y repetir frases bonitas que no te crees. Ponerte delante del espejo a decir que eres maravillosa, cuando no lo sientes, te deja peor: la distancia entre lo que dices y lo que crees se nota, y confirma la tesis del crítico.
Lo que sí
- Separarte de la voz, no discutirla. No es lo mismo pensar «soy un desastre» que darte cuenta de que estás teniendo el pensamiento «soy un desastre». Esa distancia mínima es donde cabe todo lo demás
- Ponerle nombre. Reconocer el tono —la de tu madre, la del profesor, la de cuando tenías quince años— le quita bastante autoridad
- Hablarte como le hablarías a alguien a quien quieres. No con halagos: con el tono que usarías. Que es un tono realista, no complaciente — a una amiga tampoco le mentirías
- Darte cuenta de que no eres la única. El crítico funciona haciéndote creer que lo tuyo es excepcional. Casi todo el mundo lleva uno dentro
Y por qué esto importa más de lo que parece
Porque casi toda depresión trae un crítico interno funcionando a pleno rendimiento, y porque es la parte que hace que la persona no se dé permiso ni para pedir ayuda: si el problema eres tú, pedir ayuda es una prueba más de que no vales.
Tratarse de otra manera no es un premio que se gana al final del proceso. Suele ser por donde hay que empezar.
Si ahora mismo estás en una urgencia, lo que necesitas es una respuesta inmediata, y esa está en el 024 —atención a la conducta suicida, gratuito y 24 horas— o en el 112. Están para esto, y no hace falta estar seguro de nada para llamar.
Si esa voz lleva mucho tiempo puesta, se puede trabajar. La primera llamada son veinte minutos por teléfono, sin coste, y sirve para ver si lo que necesitas es esto o es otra cosa. Si es otra cosa, te lo digo. Y si prefieres escribir antes de llamar, contestamos en 24 h.
Pedir esa llamadaDulce López · Psicóloga General Sanitaria · Colegiada nº AN14365
Este artículo es información general y no sustituye una valoración profesional. Cada persona y cada historia son distintas, y eso es justamente lo que se mira en una primera sesión.