Sēreine

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Depresión y estado de ánimo · 7 de agosto de 2025

¿Por qué me desconecto y me quedo en blanco? La ventana de tolerancia

Estás en una conversación y de pronto ya no estás: oyes, pero desde lejos. Llegas a casa y no te acuerdas del camino. Te pasa algo fuerte y no sientes nada, y luego te parece que eres un poco rara por no haber sentido nada.

Tiene nombre, es muy común y no es «estar loca». Es lo que hace el sistema nervioso cuando algo supera lo que puede sostener.

La ventana

La forma más útil de verlo es como una franja en la que uno puede estar. Dentro de esa franja estás alerta y tranquila a la vez: puedes pensar y sentir al mismo tiempo. Es la única zona donde se aprende algo, se decide algo o sirve una conversación.

Y hay dos maneras de salirse:

  • Por arriba. Ansiedad, agitación, irritabilidad, pánico, no poder parar de hablar ni de moverse. Es el cuerpo preparado para pelear o para huir
  • Por abajo. Apatía, niebla, desconexión, «apagón», piloto automático, cuerpo pesado. Es el cuerpo que ha concluido que ni pelear ni huir sirven, y se apaga

Lo de arriba se ve y preocupa a la gente. Lo de abajo no se ve, y por eso se confunde con vaguería, con desinterés o con que a uno «no le importa nada».

Por qué el cuerpo se apaga

Porque funciona. Desconectarse es un mecanismo de protección muy antiguo y muy eficaz: cuando algo es demasiado y no hay salida, la forma de sobrevivirlo es no estar del todo presente.

Eso significa que no es un fallo que haya que corregir: es algo que te protegió, probablemente muy bien, en un momento en que lo necesitabas. El problema es que se quedó puesto, y ahora se activa con cosas que ya no lo requieren — una discusión, una reunión, que alguien levante la voz.

Y lo que esto explica del ánimo

Hay algo que conviene saber porque cambia muchas cosas: el ánimo muy bajo, el cansancio que no se arregla durmiendo y la desconexión viven todos en la misma zona de abajo.

Dicho de otro modo: una parte de lo que se vive como depresión puede ser un sistema nervioso colapsado, no solo un ánimo triste. Y eso cambia lo que hay que hacer — porque a un sistema apagado no se le motiva con argumentos.

Qué ayuda a volver

Y aquí está lo práctico: según por dónde te hayas salido, hace falta lo contrario.

  • Si te has ido por arriba, calmar: espiración larga y lenta, algo frío en las manos o en la cara, bajar el ritmo, peso encima
  • Si te has ido por abajo, activar — y esto es lo que casi nadie hace, porque el instinto dice descansar: moverse, ponerse de pie, música, hablar en voz alta, algo con sabor fuerte, luz

Y en las dos, lo mismo: anclarse en lo de fuera. Nombrar cinco cosas que ves, cuatro que oyes, tres que tocas. No es un truco de autoayuda: es la manera de decirle al cuerpo dónde estás de verdad y en qué año.

En terapia

Se aprende a reconocer por dónde te sales tú, cuáles son tus primeras señales —casi siempre hay una muy temprana que nadie se había mirado— y qué te devuelve a ti en concreto.

Y se trabaja sabiendo esto: si en una sesión te sales de la ventana, se para el contenido y se regula primero. Lo que se estuviera hablando puede esperar; fuera de la ventana no entra nada.

Si ahora mismo estás en una urgencia, lo que necesitas es una respuesta inmediata, y esa está en el 024 —atención a la conducta suicida, gratuito y 24 horas— o en el 112. Están para esto, y no hace falta estar seguro de nada para llamar.

Si te pasa a menudo y no sabías cómo llamarlo, ya tiene nombre. La primera llamada son veinte minutos por teléfono, sin coste, y sirve para ver si lo que necesitas es esto o es otra cosa. Si es otra cosa, te lo digo. Y si prefieres escribir antes de llamar, contestamos en 24 h.

Pedir esa llamada

Dulce López · Psicóloga General Sanitaria · Colegiada nº AN14365

Este artículo es información general y no sustituye una valoración profesional. Cada persona y cada historia son distintas, y eso es justamente lo que se mira en una primera sesión.

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