Sēreine

Sēreine

Depresión y estado de ánimo · 18 de septiembre de 2025

¿Por qué no puedo llorar? Y por qué otras lloran por todo

Son dos quejas opuestas y las dos llegan a consulta con la misma preocupación de fondo: «creo que hay algo raro en mí».

Una: ha pasado algo grave y no consigo llorar. La otra: lloro por cualquier cosa, hasta con un anuncio.

No poder llorar

Pasa mucho después de una pérdida, y produce una culpa enorme — como si la falta de lágrimas midiera el cariño.

No lo mide. Lo que suele haber detrás es una de estas cosas:

  • El cuerpo está en modo supervivencia. Cuando hay que funcionar —organizar un entierro, cuidar a otros, seguir trabajando—, el sistema aplaza lo que no es urgente. Las lágrimas llegan después, a veces meses más tarde y por algo aparentemente menor
  • Se aprendió a no hacerlo. En casas donde llorar traía burla, enfado o preocupación en los demás, se desarrolla pronto un mecanismo muy eficaz para cortarlo. Y luego no se desactiva a voluntad
  • Está todo apagado. En un ánimo muy bajo no solo se apaga la alegría: se apaga todo. Hay gente que describe esto como lo peor de la depresión — «ni siquiera puedo llorar»

Y lo que no ayuda es forzarlo. Poner la canción que sabes que te rompe puede servir o puede dejarte peor, con la prueba añadida de que ni eso funciona.

Llorar por todo

El otro lado tampoco es lo que parece. Llorar con facilidad no es debilidad ni falta de control. Normalmente significa una de dos cosas:

  • El vaso está lleno. Cuando hay mucho acumulado, cualquier cosa pequeña desborda: la lágrima del anuncio no es por el anuncio. Es lo que estaba esperando una excusa
  • Hay algo debajo que no encuentra otra salida. Muy típico con la rabia: en quien no se permite enfadarse, el enfado sale llorando. Y eso desconcierta mucho, porque uno se siente frágil cuando en realidad está furioso

Lo que de verdad se mira en consulta

No la cantidad de lágrimas, que no dice nada por sí sola. Se miran dos cosas:

Si hay algún sitio donde puedas sentir lo que sientes. Llorar a solas y en silencio, escondiéndolo de todo el mundo, es distinto de poder hacerlo delante de alguien.

Y si te deja algo. Hay un llanto que descarga y otro que solo agota y deja igual. El segundo suele ser rumia con lágrimas, y ese se trabaja de otra manera.

Y una cosa sobre las dos

Ni una ni otra son el problema: son la señal. Lo que hay que mirar es qué hay debajo, no ajustar el grifo.

De hecho, cuando el fondo se mueve, esto se coloca solo: quien no podía llorar empieza a poder, y a quien se le desbordaba deja de desbordársele. Casi nunca hay que trabajarlo directamente.

Si ahora mismo estás en una urgencia, lo que necesitas es una respuesta inmediata, y esa está en el 024 —atención a la conducta suicida, gratuito y 24 horas— o en el 112. Están para esto, y no hace falta estar seguro de nada para llamar.

Si esto te preocupa, es una buena pregunta para una primera sesión. La primera llamada son veinte minutos por teléfono, sin coste, y sirve para ver si lo que necesitas es esto o es otra cosa. Si es otra cosa, te lo digo. Y si prefieres escribir antes de llamar, contestamos en 24 h.

Pedir esa llamada

Dulce López · Psicóloga General Sanitaria · Colegiada nº AN14365

Este artículo es información general y no sustituye una valoración profesional. Cada persona y cada historia son distintas, y eso es justamente lo que se mira en una primera sesión.

Volver al blog