Sēreine

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Depresión y estado de ánimo · 2 de octubre de 2025

Has visto marcas en tu hija o tu hijo: qué hacer y qué no

Lo has visto o te lo han contado, y ahora mismo estás en una mezcla de pánico, culpa y enfado que no te deja pensar. Antes de nada, dos cosas:

No significa que quiera morir — hacerse daño y querer morir son cosas distintas, aunque a veces vayan juntas. Y no significa que hayas fallado como madre o como padre. Pasa en casas muy distintas.

La primera conversación

Es la que más decide, porque marca si va a haber una segunda. Lo que ayuda:

  • Bajar el volumen del susto. No porque no lo tengas: porque si la escena es enorme, lo que aprende es a esconderlo mejor
  • Empezar por la pregunta correcta. No «¿por qué haces eso?», que no tiene respuesta y suena a reproche. Mejor: «¿para qué te sirve? ¿qué consigues en ese momento?»
  • Escuchar la respuesta sin corregirla. Va a decir cosas difíciles de oír. Oírlas es el trabajo
  • Preguntar también por lo otro, directamente: «¿has llegado a pensar en quitarte la vida?». Preguntarlo no se lo mete en la cabeza; es lo que permite saber dónde estáis

Lo que no ayuda, aunque salga solo

  • «Prométeme que no lo vas a volver a hacer.» Pone a tu hija a mentirte para protegerte. Y cuando vuelva a pasar, no te lo contará
  • Revisarle todo. El móvil, la habitación, el cuerpo. Pasa a ser un tema de control y ahí se acabó la conversación
  • «Con todo lo que tienes.» Le añade culpa a lo que ya hay
  • Contárselo a todo el mundo. Decide con ella quién tiene que saberlo
  • Castigarlo. Convierte en falta lo que es un síntoma

Lo práctico, en casa

Sin convertir la casa en un hospital: hablar de qué hay a mano y acordar qué se aparta y quién lo guarda. Se hace con ella delante y de común acuerdo, no a escondidas.

Y si hay heridas que lo necesiten, se curan sin sermón. Que pedir una cura no cueste una bronca es, en la práctica, una medida de seguridad.

Cuándo no esperar

  • Si hay ideas de suicidio, aunque sean vagas
  • Si las heridas son profundas o han ido a más
  • Si aparece aislamiento, ha dejado de hacer cosas que le gustaban, o baja el rendimiento de golpe
  • Si hay consumo de por medio

Una cosa más, y es importante

Si lo que está pasando en casa es parte del problema —y a veces lo es—, el primer movimiento no puede ser hablar con quien está haciendo daño. Se busca ayuda fuera primero.

Y para vosotros: esto desgasta muchísimo. Buscar apoyo para ti no le quita atención a tu hija. Es lo que te permite seguir estando entera cuando haga falta.

Si ahora mismo estás en una urgencia, lo que necesitas es una respuesta inmediata, y esa está en el 024 —atención a la conducta suicida, gratuito y 24 horas— o en el 112. Están para esto, y no hace falta estar seguro de nada para llamar.

Si estás en esto y no sabes por dónde empezar, se puede ordenar en veinte minutos. La primera llamada son veinte minutos por teléfono, sin coste, y sirve para ver si lo que necesitas es esto o es otra cosa. Si es otra cosa, te lo digo. Y si prefieres escribir antes de llamar, contestamos en 24 h.

Pedir esa llamada

Dulce López · Psicóloga General Sanitaria · Colegiada nº AN14365

Este artículo es información general y no sustituye una valoración profesional. Cada persona y cada historia son distintas, y eso es justamente lo que se mira en una primera sesión.

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