Sēreine

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Cómo es la terapia · 26 de marzo de 2026

¿Me va a juzgar? ¿Y si lo que traigo no es lo bastante grave?

Son los dos miedos que más aparecen antes de una primera cita, y casi siempre van juntos: «¿qué va a pensar de mí?» y «a lo mejor lo mío es una tontería comparado con lo que ve».

Merece la pena contestar a los dos, porque entre los dos retrasan muchas consultas una media de años.

Lo de juzgar

Hay algo que conviene entender del oficio: el trabajo no consiste en valorar lo que hiciste, sino en entender qué te llevó a hacerlo. Son dos operaciones distintas, y la segunda no deja sitio para la primera.

Cuando alguien cuenta algo de lo que se avergüenza, lo que pasa por mi cabeza no es «qué barbaridad». Es «qué tuvo que estar pasando para que esto fuera la mejor salida que encontró». Casi todo lo que la gente esconde, visto entero, tiene una lógica perfecta.

Y un dato práctico: casi nada es la primera vez que se oye. Lo que llevas años creyendo que es exclusivamente tuyo y especialmente horrible es, con mucha probabilidad, algo bastante común.

Lo de «no es lo bastante grave»

Esta es la que más consultas retrasa, y viene casi siempre con la misma frase detrás: «hay gente que está mucho peor».

Claro que la hay. Y no es un criterio: nadie decide si ir al médico comparándose con la rodilla del vecino. Que exista algo peor no hace que lo tuyo deje de estar pasando.

El criterio real no es la gravedad. Es más sencillo: ¿te está quitando cosas? ¿Llevas tiempo dándole vueltas? ¿Estás peor que hace un año? Con eso basta. Si llevas meses pensando si pedir cita, eso ya es motivo suficiente — nadie se pasa meses pensándolo por algo que no importa.

Y hay una cosa más, que casi nunca se dice: también se puede ir a terapia sin una crisis. Para entender algo que se repite, para decidir algo grande, para trabajar algo que funciona a medias. No hace falta esperar a que se rompa nada.

Lo que quita miedo de verdad: saber que hay puerta de salida

Mucha gente aguanta sin pedir cita porque se imagina que empezar es comprometerse a algo largo, caro e irreversible. No lo es:

  • La primera llamada son veinte minutos y no cuesta nada. Se puede colgar y no volver
  • Una primera sesión no obliga a la segunda
  • No hay que contarlo todo el primer día. Hay cosas que se cuentan al tercer mes, y eso es normal y no es engañar a nadie

La frase con la que empieza casi todo el mundo

Si lo que te preocupa es no saber explicarte, quédate con esto: la frase con la que arranca la mayoría de las primeras sesiones es «no sé ni por dónde empezar».

Es un sitio perfectamente válido por donde empezar. Y ordenar eso es, literalmente, mi parte del trabajo.

Si llevas tiempo dándole vueltas, esa es toda la señal que hace falta. La primera llamada son veinte minutos por teléfono, sin coste, y sirve para ver si lo que necesitas es esto o es otra cosa. Si es otra cosa, te lo digo. Y si prefieres escribir antes de llamar, contestamos en 24 h.

Pedir esa llamada

Dulce López · Psicóloga General Sanitaria · Colegiada nº AN14365

Este artículo es información general y no sustituye una valoración profesional. Cada persona y cada historia son distintas, y eso es justamente lo que se mira en una primera sesión.

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