Sēreine

Sēreine

Depresión y estado de ánimo · 8 de octubre de 2026

El día después de una crisis: cómo pasar la semana

De las crisis se habla mucho y del día siguiente casi nada. Y sin embargo ahí es donde está el trabajo: cuando lo peor ha pasado, queda el cansancio, la vergüenza, y una semana entera por delante que hay que pasar de alguna manera.

Lo que ayuda ahora no es un plan de vida. Es algo mucho más corto: cómo pasar el día de hoy.

Lo primero: bajar el listón a propósito

Después de una crisis, la cabeza hace dos cosas seguidas, y las dos hacen daño: pide explicaciones —¿por qué me pasó?— y pide garantías —¿y si vuelve?.

Ninguna de las dos se puede contestar hoy. Lo que sí se puede es esto: hoy no hay que arreglar nada. Hoy hay que pasar el día.

El kit para los días malos

Es una caja de verdad, o un cajón, o una carpeta en el móvil. Se prepara cuando se está más o menos bien, porque en mitad de un día malo no se inventa nada. Dentro:

  • Dos o tres cosas que ya te han funcionado alguna vez, aunque parezcan ridículas: una ducha, salir al portal, una manta, un podcast concreto
  • Algo para el cuerpo, que es por donde se entra cuando la cabeza no da: algo frío, andar, música alta
  • Tres nombres con su teléfono, y al lado de cada uno qué le puedes contar a esa persona. No todos sirven para lo mismo
  • Los teléfonos de fuera: el 024 y el 112
  • Y una foto, una frase o un objeto que te recuerde algo tuyo que quiere seguir

La carta para los días malos

Es de las cosas más útiles que se hacen en consulta y consiste en algo muy simple: escribirte a ti misma desde un día bueno, para leerte en uno malo.

Funciona porque en un día malo no te crees nada de lo que te diga nadie — pero sí te crees a ti misma. Y porque el día malo miente sobre el pasado: te convence de que siempre ha sido así. Una carta con fecha lo desmiente por escrito.

Qué poner: que esto ya ha pasado otras veces y ha bajado, qué hiciste aquella vez que ayudó, a quién llamar, y una frase tuya que hoy te crees.

La semana, en concreto

  • Horarios, aunque no haya nada que hacer. Levantarse a una hora y salir de casa una vez al día. Es lo que más sostiene
  • Comer y dormir aunque sea a la fuerza. Ninguna decisión se ve igual con dos noches sin dormir
  • Nada grande. No se decide nada importante esta semana
  • Que alguien sepa dónde estás. No hace falta contarlo todo: basta con no estar desaparecida
  • Y que el medio no esté a mano. Esto se habla sin rodeos y se acuerda quién guarda qué

Y lo que conviene saber de cómo funciona esto

Las crisis no duran. Suben, aprietan un rato y bajan, y bajan mucho más de lo que parece cuando están arriba.

Por eso casi todo lo que hay en esta página va de lo mismo: ganar tiempo. Aplazar veinticuatro horas, poner distancia, llamar a alguien. No hace falta resolver nada; hace falta que pase el rato.

Si ahora mismo estás en una urgencia, lo que necesitas es una respuesta inmediata, y esa está en el 024 —atención a la conducta suicida, gratuito y 24 horas— o en el 112. Están para esto, y no hace falta estar seguro de nada para llamar.

Si acabas de pasar por una, esto se prepara junto y no lleva una sesión entera. La primera llamada son veinte minutos por teléfono, sin coste, y sirve para ver si lo que necesitas es esto o es otra cosa. Si es otra cosa, te lo digo. Y si prefieres escribir antes de llamar, contestamos en 24 h.

Pedir esa llamada

Dulce López · Psicóloga General Sanitaria · Colegiada nº AN14365

Este artículo es información general y no sustituye una valoración profesional. Cada persona y cada historia son distintas, y eso es justamente lo que se mira en una primera sesión.

Volver al blog