Depresión y estado de ánimo · 6 de noviembre de 2025
Después de un intento de suicidio: qué pasa ahora
De esto no se habla casi nunca, ni siquiera en las casas donde ha pasado. Y sin embargo hay mucha gente viviendo ese después: el propio o el de alguien cercano.
Lo primero, y es lo que menos se dice: los meses siguientes son el periodo de más riesgo, y precisamente por eso son los meses en los que más se puede hacer. No es un dato para asustar: es la razón de que el seguimiento importe tanto.
Lo que se suele sentir, y es normal
- Vergüenza. Muchísima, y muchas veces mayor que la de antes
- Alivio y decepción a la vez, mezcladas y contradiciéndose
- Enfado con quien intervino, o con uno mismo
- La sensación de que ahora todo el mundo te mira raro, y de que hay que tranquilizar a los demás justo cuando menos fuerzas hay
- Miedo a que vuelva a pasar
Nada de eso significa que la cosa vaya mal. Significa que ha pasado algo muy grande y que el cuerpo y la cabeza están colocándolo.
Lo que de verdad ayuda en este periodo
- Que no haya hueco entre una cosa y la siguiente. El momento de más riesgo es justo cuando se sale del hospital y todavía no ha empezado el seguimiento. Si hay un hueco, se llena: una llamada, una cita puesta, alguien pendiente
- Un plan escrito con las señales propias, las personas y los teléfonos
- Que el medio no esté a mano. Acordar quién guarda qué, sin drama y sin vigilancia
- Que alguien pregunte de vez en cuando, sin esperar a la revisión
- No decidir nada grande ahora. Ni mudanzas, ni dejar el trabajo, ni rupturas
Qué decirle a la gente
Es una de las preocupaciones más grandes y casi nunca se aborda: ¿qué digo en el trabajo? ¿y a mi familia?
No se lo debes a nadie. Puedes decir que has estado de baja por un problema de salud y no dar más detalles. Es verdad, es suficiente, y quién sabe qué es una decisión tuya y reversible en un solo sentido: se puede contar más adelante, pero no se puede des-contar.
Para la familia
Dos cosas que se hacen con la mejor intención y que suelen salir mal:
Vigilar en vez de acompañar. Entra en la habitación cada diez minutos, mirar el móvil, no dejar sola ni un momento. Se entiende el pánico, y lo que produce es que la persona se sienta un problema con patas y esconda más.
Y no volver a nombrarlo nunca. El silencio de después no protege: aísla. Se puede preguntar. «¿Cómo llevas hoy lo de aquello?» es una frase perfectamente posible.
Y una tercera, para vosotros: la familia también necesita a alguien. Sostener esto en casa desgasta muchísimo, y pedir ayuda para vosotros no le quita nada a la persona.
Y lo que conviene oír
Un intento no define a nadie ni decide su futuro. La mayoría de las personas que pasan por esto no mueren por suicidio, y muchas llegan a mirar atrás desde una vida que en aquel momento eran incapaces de imaginar.
Desde dentro eso suena a frase hecha. Desde fuera es simplemente lo que se ve.
Si ahora mismo estás en una urgencia, lo que necesitas es una respuesta inmediata, y esa está en el 024 —atención a la conducta suicida, gratuito y 24 horas— o en el 112. Están para esto, y no hace falta estar seguro de nada para llamar.
Si estás en ese después, tú o alguien tuyo, se puede acompañar. La primera llamada son veinte minutos por teléfono, sin coste, y sirve para ver si lo que necesitas es esto o es otra cosa. Si es otra cosa, te lo digo. Y si prefieres escribir antes de llamar, contestamos en 24 h.
Pedir esa llamadaDulce López · Psicóloga General Sanitaria · Colegiada nº AN14365
Este artículo es información general y no sustituye una valoración profesional. Cada persona y cada historia son distintas, y eso es justamente lo que se mira en una primera sesión.