Sēreine

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Cómo es la terapia · 13 de agosto de 2026

¿Cuántas sesiones voy a necesitar? Desconfía de quien te dé un número el primer día

Es la pregunta que más se hace antes de empezar, y casi siempre por el mismo motivo: no es curiosidad, es la cuenta. Saber cuántas sesiones son es saber cuánto va a costar.

La respuesta honesta es que nadie puede darte un número el primer día, y que conviene desconfiar de quien te lo dé. Lo que sí se puede decir —y es más útil— es cuándo vas a saberlo tú.

Por qué el número no se puede saber de entrada

Porque el primer día todavía no se sabe qué hay. Dos personas que llegan diciendo exactamente lo mismo pueden traer debajo cosas distintas: una tristeza larga que se mueve en unas semanas, o un duelo de hace ocho años que nunca se lloró y que está sosteniendo todo lo demás.

Por eso las primeras sesiones no son «el tratamiento»: son la parte en la que se mira. Y no es tiempo perdido, es lo que decide si hay terapia y cuál.

Cómo va el ritmo, que eso sí se puede decir

Al principio lo habitual es una sesión a la semana. A medida que el proceso avanza, las sesiones se espacian: cada quince días, luego cada mes. Eso no es que te vaya peor ni que se alargue: es la forma que tiene de irse cerrando.

Y no hay paquete cerrado. No se compra un bloque de diez sesiones por adelantado para luego ver qué pasa.

Cómo sabrás si está funcionando, y aquí está lo importante

Hay una trampa concreta, y pasa sobre todo cuando lo que se trata es el estado de ánimo: la propia depresión te impide notar tu mejoría. Es literalmente uno de sus síntomas. Alguien puede llevar cinco semanas durmiendo mejor, saliendo de casa y contestando mensajes, y decir con toda sinceridad que sigue igual.

Por eso, en un proceso bien llevado, no se avanza a ojo. Se mide al principio, se vuelve a medir más adelante, y se te enseña la comparación. Muchas veces ese es el momento en que alguien ve por primera vez que sí se ha movido algo.

Y si no se mueve nada

También hay que decir esto, porque es lo que separa un proceso serio de uno que se alarga solo:

  • Si después de tres sesiones de trabajo no hay ningún avance, no se insiste con más de lo mismo: se cambia de línea
  • Si pasan dos o tres meses sin ningún movimiento, ya no es cuestión de paciencia. Ahí toca replantear el caso entero, y a veces toca decirte que esto lo lleva mejor otra persona

Que una terapia no esté funcionando es información, y es responsabilidad de quien la lleva darse cuenta y decirlo.

Cómo termina

No se acaba de golpe. En las últimas sesiones se mira qué señales tendrías que vigilar si volviera a asomar, qué hacer si pasa y en qué momento volver a escribir. Y meses después hay una sesión suelta de seguimiento, que en problemas que reaparecen vale mucho más de lo que parece.

El objetivo declarado de esto, dicho sin adornos, es que dejes de necesitarlo.

Si lo que te frena es no saber en qué te estás metiendo, se puede preguntar antes. La primera llamada son veinte minutos por teléfono, sin coste, y sirve para ver si lo que necesitas es esto o es otra cosa. Si es otra cosa, te lo digo. Y si prefieres escribir antes de llamar, contestamos en 24 h.

Pedir esa llamada

Dulce López · Psicóloga General Sanitaria · Colegiada nº AN14365

Este artículo es información general y no sustituye una valoración profesional. Cada persona y cada historia son distintas, y eso es justamente lo que se mira en una primera sesión.

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