Depresión y estado de ánimo · 14 de agosto de 2025
¿Cómo les cuento a mis hijos que alguien ha muerto?
Es una de las conversaciones que más miedo dan, y casi siempre hay que tenerla en el peor momento posible: cuando quien tiene que contarlo está roto también.
Lo primero, para quitar peso: no hay una forma perfecta de hacerlo, y los niños aguantan la verdad mucho mejor que el misterio.
Las reglas que valen para cualquier edad
- Pronto, y de alguien de confianza. Enterarse por otro lado o por una conversación a medias hace más daño que la noticia
- Con la palabra «muerto». Nada de «se ha ido», «se ha dormido» o «está de viaje». Los niños entienden literal: uno que se durmió y no volvió da miedo a la hora de dormir, y uno que se fue de viaje puede volver
- Corto y verdadero. Una frase clara, y luego esperar. Ellos preguntan lo que pueden con lo que pueden
- Dejando claro que no es culpa suya, aunque no lo hayan preguntado. Los niños se colocan en el centro de las cosas por defecto
- Diciendo qué no cambia. Quién les lleva al colegio, quién estará por la noche. Es lo que más calma
Qué entienden según la edad
- Hasta los cinco o seis, no entienden que es para siempre: preguntarán muchas veces cuándo vuelve. Hay que contestar otra vez, con paciencia, con la misma respuesta
- Entre seis y diez, ya entienden que es definitivo, y aparece mucho miedo — a que os pase a vosotros, a que les pase a ellos. Se puede decir la verdad: que casi siempre pasa de mayor, y que vosotros estáis bien
- Adolescentes: entienden como un adulto y encajan como adolescentes. Suelen irse a su cuarto y parecer indiferentes. No lo son
Cuando ha sido un suicidio
La pregunta es siempre la misma: ¿se lo digo?
La respuesta corta, y cuesta oírla: sí, con palabras sencillas y adaptadas a la edad. Porque casi siempre acaban enterándose —por un primo, por el colegio, por una conversación mal oída—, y enterarse así añade a la pérdida la sensación de que en casa se miente.
Una forma que funciona con niños pequeños: «se ha muerto. Tenía una enfermedad que hacía que estuviera muy triste por dentro, tan triste que no pudo seguir viviendo. No se ve como una pierna rota, pero era una enfermedad de verdad.»
Tres cosas más:
- No hacen falta los detalles de cómo. Se puede decir que ahora no, y que cuando sean mayores se hablará
- Hay que decir explícitamente que no fue culpa de nadie, y menos de ellos — a veces creen que fue por algo que hicieron
- Y conviene decir que se puede hablar de ello siempre, en casa. El silencio es lo que convierte esto en algo vergonzoso
Lo que viene después
Los niños hacen el duelo a ratos: lloran cinco minutos y se van a jugar. No es que no les importe: es que no pueden sostenerlo mucho rato seguido. Esos cambios bruscos son lo normal.
Y verte llorar no les hace daño. Les enseña que se puede estar triste y seguir cuidándoles, que es exactamente lo que necesitan aprender ahora.
Si ahora mismo estás en una urgencia, lo que necesitas es una respuesta inmediata, y esa está en el 024 —atención a la conducta suicida, gratuito y 24 horas— o en el 112. Están para esto, y no hace falta estar seguro de nada para llamar.
Si tienes que tener esta conversación y no sabes cómo, se prepara. La primera llamada son veinte minutos por teléfono, sin coste, y sirve para ver si lo que necesitas es esto o es otra cosa. Si es otra cosa, te lo digo. Y si prefieres escribir antes de llamar, contestamos en 24 h.
Pedir esa llamadaDulce López · Psicóloga General Sanitaria · Colegiada nº AN14365
Este artículo es información general y no sustituye una valoración profesional. Cada persona y cada historia son distintas, y eso es justamente lo que se mira en una primera sesión.