Depresión y estado de ánimo · 19 de febrero de 2026
Hacerse daño no es querer morir: para qué sirve y cómo se deja
Es una de las cosas que más se malinterpretan, y el malentendido hace daño por los dos lados: quien lo hace se siente un bicho raro, y quien lo descubre se asusta en la dirección equivocada.
Hacerse daño y querer morir no son lo mismo. Casi siempre la autolesión es justo lo contrario de querer morir: es una forma de seguir aguantando.
Lo que no es
- No es llamar la atención. De hecho casi siempre se esconde con mucho cuidado durante meses
- No es cosa de una edad concreta, aunque aparezca más en la adolescencia
- No es estar perdiendo la cabeza. Tiene una lógica, y entenderla es la única forma de salir
El círculo
Funciona siempre igual, y reconocerlo ya es media batalla:
El malestar se va acumulando → la tensión sube → aparecen las ganas → se hace → alivio → pero lo que dolía sigue ahí → llegan la vergüenza y la culpa → el malestar vuelve a subir.
Lo importante de ese círculo es la palabra del medio: alivio. Funciona. Por eso se repite, y por eso no se deja con fuerza de voluntad.
Y la buena noticia del círculo es que se puede entrar por cualquier punto — y también se puede salir por cualquiera.
Para qué sirve
Esta es la pregunta que de verdad importa, y casi nunca hay una sola respuesta:
- Para bajar algo que no se aguanta: tristeza, angustia, rabia
- Para sentir algo cuando no se siente nada, o cuando uno se nota fuera de sí mismo
- Para castigarse
- Para que alguien se dé cuenta de lo mal que se está
- Para escapar de algo o de alguien
- Para sentir que se manda en algo de lo que pasa
Saber cuál es el tuyo cambia por completo lo que hay que poner en su lugar. Lo que sirve para bajar una angustia no sirve para sentir algo cuando no sientes nada.
Por qué no se empieza por prohibirlo
Porque quitarle a alguien lo único que le está funcionando, sin darle nada a cambio, no acaba bien. Lo que se hace en terapia es buscar qué otra cosa da lo mismo sin dejar marca, y eso lleva un tiempo.
Mientras tanto se trabaja con lo que hay: alargar el tiempo entre las ganas y el acto, ir bajando el daño, tener a alguien a quien escribir en ese rato.
Si lo has descubierto en alguien
- No lo conviertas en una escena. El susto grande empuja a esconderlo mejor, no a dejarlo
- No pidas promesas de que no volverá a pasar. Lo que consigues es que la próxima vez no te lo cuente
- Pregunta para qué le sirve, no por qué lo hace. Es otra conversación entera
- Pregunta también por lo otro. No son lo mismo, y a veces van juntas: se pregunta directamente
- Y busca ayuda profesional, sin plantearlo como un castigo
Una cosa más
Pensarlo también cuenta, aunque no se llegue a hacer. Si te está rondando, eso ya es motivo suficiente para contarlo — no hay que esperar a nada.
Si ahora mismo estás en una urgencia, lo que necesitas es una respuesta inmediata, y esa está en el 024 —atención a la conducta suicida, gratuito y 24 horas— o en el 112. Están para esto, y no hace falta estar seguro de nada para llamar.
Si esto va contigo, se puede entender y se puede cambiar. La primera llamada son veinte minutos por teléfono, sin coste, y sirve para ver si lo que necesitas es esto o es otra cosa. Si es otra cosa, te lo digo. Y si prefieres escribir antes de llamar, contestamos en 24 h.
Pedir esa llamadaDulce López · Psicóloga General Sanitaria · Colegiada nº AN14365
Este artículo es información general y no sustituye una valoración profesional. Cada persona y cada historia son distintas, y eso es justamente lo que se mira en una primera sesión.